sábado, 14 de abril de 2012

Tormento de un amor frustrado

Me encontraba entristecida
ante la realidad de tu ausencia.
No podía conciliar el sueño,
pues tu recuerdo venia
y me arrancaba la calma.

El semblante de mi rostro lucia cabizbajo,
ceñido estaba mi cuerpo de melancolía.
Gemía ardientemente que regresaras,
que me devolvieras tus amores,
pero mi gemir se perdía en la fría noche.

Añoraba esos días,
esos días en los cuales me jurabas amor eterno,
aun consiente de tu fragilidad humana,
de la pequeñez de tus días,
volverlos es imposible.

Estando en mi agonía sentí una oleada fresca,
ella me rodeo por completo,
era el recuerdo de tus dulces besos,
¡Oh, sí me besaras, si vinieras, el tormento acabaría!